Stepmother es un trío australiano que lleva años defendiendo un rock’n’roll salvaje, sucio y orgullosamente fuera de control, heredero directo del proto-punk más primitivo y de la psicodelia eléctrica más desquiciada.
Al frente de la banda se encuentra Graham Clise, guitarra y viejo conocido del circuito underground por su paso por proyectos incendiarios como Annihilation Time, Lecherous Gaze, Rot TV o Witch, acompañado de Robert Muiños al bajo y Lee Parker a la batería. Con esa mochila de experiencias, Clise ha convertido a Stepmother en una máquina perfectamente engrasada para el caos, a base de riffs afilados y ritmos demoledores.
Su sonido es cortante y contundente, cada vez más rápido, más distorsionado y más descarado. Una mezcla a partes iguales de high energy rock de Detroit y fuzz empapado en feedback, con un pie en el lado más oscuro de la psicodelia y otro en la urgencia del punk más primario. No hay concesiones, no hay adornos, solo electricidad, ruido y una sensación constante de peligro.
En su ADN musical se perciben claramente las huellas de bandas fundamentales como Blue Cheer, The Pink Fairies, Nervous Eaters, Radio Birdman o The Damned, referencias que explican su gusto por los riffs abrasivos, la velocidad y ese punto de nihilismo que atraviesa sus canciones. También se pueden rastrear ecos de bandas salvajes como The Stooges, Germs o The Weirdos, nombres que ayudan a entender su manera de convertir el rock en una descarga física y emocional.
Stepmother son unos outsiders en mayúsculas, lo suyo es hacer rock & roll demoledor, venenoso y malintencionado, himnos para los pobres, los depravados y los orgullosamente malhechores del rock. Canciones que canalizan la urgencia del rock crudo para enfrentarse a lo absurdo, la violencia y la comedia negra de la existencia moderna, con un sonido de guitarra distorsionado y verdaderamente desquiciado, incluso para sus propios estándares.
Ellos representan, en definitiva, esa cara salvaje del rock que nunca desaparece, ruido primitivo, actitud desafiante y una fe inquebrantable en el poder del volumen. Una banda que recuerda que el punk y el garage no son estilos, sino una forma de enfrentarse al mundo con guitarras encendidas y sin pedir permiso.